Escrito en plumas*

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Ilustración de un pavo real. Foto:  Bethany Art Studios Cannon

Faltaba una semana para su boda. Nunca se había sentido tan linda. Y eso era difícil de creer, no la habrían llamado Bella de no creer que sería radiante. Todo salió mejor de lo planeado: después de tanto tiempo y tantos dolores de cabeza, el mujeriego y excéntrico Gustav Popov llegó a su casa con una orquesta de violines y una roca del tamaño de un ojo a pedirle que siguieran el resto de sus vidas juntos.

No fue algo que pasó de la noche a la mañana: El ruso, que se salvó milagrosamente de la revolución, llegó a América a seguir dándose una vida de lujos, y disfrutó de cuanta mujer pudo. Cuando la pluma del destino los juntó, Popov nunca imaginó que fuera tan difícil: a su invitación a una obra de teatro, ella llegó con su adorado hermano mayor. Fueron cientos de flores, chocolates, vestidos y bailes sociales para que Bella accediera a tener algo con él. La señorita neoyorquina siempre creyó que su suerte fue atraparlo, pero en realidad, la suerte era de él. “Me librará de mi maldición”, pensó Gustav alguna vez.

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Portada de VOGUE de Marzo, 1909, por el ilustrador J. Allen St. John. Foto: Pinterest

Faltaba una semana para la boda, y  al ser la pareja más visible de Nueva York, Bella quería algo especial para su vestido. Sí, tenía un diseño precioso hecho a la medida para ella, pero ser novia de blanco es lo de todo el mundo. Habló con cada artista, buscó en cada boutique, preguntó a cada modisto y ninguno tuvo una gran idea. Fue hasta que su gran amiga Ellen May Munger, quién le mostró una de las ilustraciones de su esposo Jim en esa revista que tanto le gustaba, que supo que era lo que quería: una dama con un colorido vestido en medio de un bosque, mientras daba de comer a un pavo real, con plumas tan largas como el cabello de Rapunzel. Tomó una decisión: colgaría unas plumas de pavo real a su vestido.

Decidió que el plumaje sería una sorpresa, que sólo vería la luz a su llegada al altar. Con el ruso visitó alguna vez un campo lleno de estos animales, así que ya sabía dónde encontrarlos. El único problema, era que él nunca la dejaba sola. Excepto… En las noches de luna llena. Nunca entendió porqué, pero cada tarde antes de luna llena, Popov se iba rápidamente y no volvía a aparecer hasta la noche siguiente. “Es ruso, es excéntrico, y es sólo una noche. Déjalo. Todos los hombres son así, y tú serás la del diamante” le dijo su madre, en tono profético. Y así fue: el anillo llegó y él –de todas formas- desaparecía esa noche del mes. Había encontrado el momento de cambiar su destino.

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Ilustración de un pavo real. Foto:  Bethany Art Studios Cannon

Llegó al lugar donde estaban las aves, y ver a la más bella de todas no fue difícil. Decidió que sería la elegida. Sacó las tijeras que llevaba en el bolso, para cortarle unas cuantas plumas, pero el animal no se lo permitió. Enfurecida, tomo la parte metálica como espada, y la clavó en la garganta del animal. Este se quedó quieto, ella tomó de vuelta las tijeras y cortó su plumaje, mientras el ave estilaba un viscoso líquido verde. El pavo real, inmóvil, sólo la miraba, en medio de su dolor.

Era el día de la boda. Eran las tres de la tarde y el novio, que no era impuntual, afirmó que llegaría a las doce, pero nunca sucedió. Con la sangre hirviendo, salió de la iglesia hacia el palacio del ruso, a ver qué había sucedido. La escena la devastó: su amado estaba tirado en la sala,  con un corte en el cuello casi mortal y rasguños en la espalda, de los que salía un líquido metálico, verdoso, viscoso. “¡Como el del pavo!” gritó. Allí lo entendió todo. Su porte al caminar, las noches donde estaba sola, los paseos en el campo, la cantidad de cuadros de Jim St. John. Tiró las plumas al piso y lloró de la forma más amarga que alguien podrá recordar. Se acercó a su rostro, pero todo ya estaba hecho. Popov sabía, desde hace muchas vidas, que Bella sería la elegida; pero nunca pensó que la pluma del destino hubiese escrito su historia de esa forma.

 

*Historia de fantasía inspirada en la portada de pavo real de VOGUE de 1909

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