El Arma Femenina

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Imagen de la exhibición “Wolrd War Women” que habla sobre el papel de la mujer en las guerras mundiales del Museo de Guerra de Canadá. Foto: Canadian War Museum

Vanidad y guerra son prácticamente antónimos. Por miles de años el primer término se asoció a las mujeres y el segundo a los hombres, y se pensó que así debía ser y permanecer. No obstante, ante los horrores de la guerra son muy pocos los que pueden salvarse. A la vanidad también le tocó adaptarse.

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Visualmente hablando, Candyman de Christina Aguilera muestra una de las labores clásicas de las mujeres en tiempos de guerra: entretener al hombre. Foto: Pinterest

Desde la antigüedad, cuando hay conflictos, a las mujeres se le tenía dos labores específicas: cuidar del hogar y ser el entretenimiento y distracción del hombre. Nada más. Si su misión era la primera, debían cuidar de la familia y alimentar a los futuros soldados y procrear. Si era la segunda, no se les permitía descuidar su físico: fueran bailarinas o prostitutas, voluntarias o como castigo, debían estar impecables para satisfacer a los hombres y ayudarlos a mantener su cordura frente a los tiempos difíciles. Las mujeres y su vanidad eran necesarias en estos tiempos, pero la historia nunca comprendió su papel tan bien como en la Segunda Guerra Mundial.

Las mujeres estaban ya acostumbradas a untarse cremas para cuidar el rostro, maquillarse, perfumarse, vestirse bien y ser completamente impolutas. Max Factor, Elizabeth Arden y Chanel ya eran nombres reconocidos en la industria cosmética. Sin embargo, al estallar la Segunda Guerra Mundial, hace que están tengan que renunciar a la gran mayoría de productos de belleza que se habían hecho.  A pesar de esto, ellas no estuvieron dispuestas a abandonar sus rutinas de belleza.

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La propaganda política de la época, pedía a las mujeres trabajar pero mostraba que debían seguir impecables. Foto: Pinterest

La leche, mantequilla, margarina y grasa de cerdo servían como cremas y desmaquillantes. Las medias de seda eran un recuerdo del pasado, así que para simular su efecto bronceado, las mujeres se pintaban las piernas con té negro, salsa de carne o tintes para madera y dibujaban una fina línea café para simular la costura en sus piernas. El carbón y la cera para botas se utilizaban como sombras para los ojos. Los peinados de la época aún exigían laca, para lo que se mezclaba agua con azúcar. Y el más importante de todos: para sustituir el lápiz labial, utilizaban remolacha molida o pétalos de rosa en alcohol.

La paradoja del papel de la mujer en la guerra, exigía que empezara a realizar los trabajos de hombre para poder suplir la mano de obra masculina que se encontraba en la guerra, pero también debía seguir siendo bellas. No había dinero para comprar ropa o cosméticos, por lo que sugerían que la repararan y la hicieran ellas mismas, sin embargo, las mujeres seguían siendo la imagen de sus países: existía una regla no escrita en la que se les imploraba a las mujeres verse impecables, para que si se topaban con el enemigo o las fotografiaban por las calles, se vieran tan bien que se dudara de los efectos de la guerra sobre sus naciones. Las revistas de moda dejaron de insistir sobre la delgadez para hacer énfasis en que era necesario que se vieran saludables mientras la comida seguía racionalizada, VOGUE le recordaba a la mujer que “La belleza es tu deber”

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TANGEE, la marca estadounidense que más labiales vendió en la década de los 40, permitía a a las mujeres volver a rellenar sus tubos de lápiz labial durante la guerra. Foto: Pinterest

No obstante, los gobiernos tardaron en entender la forma de lucha del sexo femenino. En 1942, Estados Unidos y Reino Unido descartaron los cosméticos como producto esencial, algo que sólo trajo malas consecuencias: las mujeres se quejaban al respecto, el aspecto de las mismas desmejoraba y por ende, su ánimo. Ya en este entonces las mujeres formaban parte de las filas de los ejércitos, pero su labor de entretener a las tropas seguía siendo vital y la carencia del maquillaje, que para la mujer ha sido desde sus inicios una forma de empoderarse, no ayudaba a que fuera tan efectiva. La racionalización del maquillaje tuvo que replantearse, Estados Unidos levantó la restricción, Reino Unido ayudó con cupones para que pudieran comprar sus cosméticos y marcas de la época empezaron a ofrecer rellenar los tubos de pintalabios si las mujeres los conservaban. La resistencia femenina había triunfado.

Cuando se habla de batallas, se sabe que las herramientas de combate de los hombres primero fueron las espadas, y luego las armas de fuego. En el Siglo XVII, se escribió que la de las las mujeres eran los abanicos y en nuestra modernidad, el lápiz labial rojo. Desde el inicio de los tiempos, cada género ha definido cuáles son sus formas de combate: los hombres escogieron la fuerza y las mujeres la vanidad.  Son opuestos naturales, pero el uno siempre necesitará del otro.

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