¿Por qué las alfombras rojas son importantes? + Favoritas Oscars 2017

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Charlize Theron en Dior, Viola Davis en Armani Privé, Sofia Vergara en Michael Kors y Alessandra Ambrosio en Ralph and Russo

La temporada de premiaciones acabó con los Oscars, y con ella también acaban las aclamadas red carpets. Pero, ¿por qué son importantes?

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Emma Stone en Givenchy, Taraji P Henson en Alberta Ferreti y Nicole Kidman en Armani Privé.

Hablemos un poco de la historia de este suceso: La primera referencia en la historia de una alfombra roja aparece en Agamenón de Esquilo (458 a.C.) cuando la esposa del protagonista le extiende una a su regreso, para honrar su llegada. Sin embargo, muchos traductores dicen que la alfombra era púrpura y no roja.

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Sofia Boutella en Chanel, Emma Roberts e Isabelle Huppert en Armani Privé. (¿El Dress Code de los Oscars era blanco?)

El rojo es un color que a través de la historia ayudó a denotar lujo y poder. Los tapetes de este tono cubrían las salas de los palacios reales y muchas veces poseían estampados en ellos. Existen cuadros -como Napoleón en traje ceremonial– que muestran este color bajo los pies de los reyes. En nuestros días, los políticos y monarcas aún extienden tapetes rojos para dar la bienvenida a sus huéspedes o en eventos importantes (ej: El ingreso de Kate Middleton a la Abadía de Westminster cuando se casó con el príncipe William)

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Cynthia Erivo en Paolo Sebastian y Kirsten Dunst en Dior (¡con bolsillos!)

Sin embargo, la primera alfombra roja ‘moderna’ sucedió en 1902, cuando el Ferrocarril Central de Nueva York necesitaba conseguir adeptos para su más reciente tren, el 20th Century Limited. La empresa, entonces, decidió invitar a las personas más influyentes de la ciudad (esto de los influencers tampoco es un cuento nuevo) a que tomaran un tour en la lujosa máquina. Cuando ellos iban a abordar, el camino lo marcaba un tapete rojo que mostraba la importancia de los asistentes.

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Octavia Spencer en Marchesa y Meryl Streep en Elie Saab.

En Hollywood, la primera Red Carpet fue en 1922. Era la premiere de Robin Hood, protagonizada por Douglas Fairbanks. Entonces, el Teatro Egipcio extendió una tela color carmín para recibir a sus invitados. Sin embargo, las celebridades no poseían tanto control de su aspecto personal.

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Auli’i Cravalho (la voz de Moana) en Rubin Singer para los Oscars y el after-party de Vanity Fair.

En los años setenta, las estrellas empezaron a poseer más libertad a la hora de elegir su vestuario, lo que les permitía reflejar su personalidad y les ayudaba a que las personas pudieran tener una visión un poco más realista de como eran.

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Karlie Kloss en un Naeem Khan rojo y un Stella McCartney blanco.

Sin embargo el gran twist de la alfombra roja sucedió en los años noventa, específicamente en 1995, cuando Joan Rivers, que empezaba a cubrir estos eventos, comenzó a formular la pregunta “who you wearing?” a sus entrevistados. Al comienzo, fue duramente criticada por esto: la señalaban porque la pregunta está mal estructurada (la forma correcta en inglés es who are you wearing?) y la tildaban de sexista.

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Brie Larson con un Ralph and Russo color esmeralda para el after-party de Vanity Fair y un Oscar de la Renta con boleros para los Oscars

No obstante, esto cambió completamente el juego del red carpet: Mencionar el nombre del diseñador o la marca del vestido lograba que este estuviera en el ojo público, más aún si el vestido lo llevaba una ganadora a alguno de los premios o la protagonista del evento. Por eso, actualmente hay marcas que por contrato visten a ciertas celebridades o les pagan por llevar un diseño en específico (¿no vieron el escándalo de Karl Lagerfeld y Meryl Streep?), sin mencionar las novedosas shoe-cam, mani-cam y demás para ver más detalladamente qué usa cada estrella.

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Rosie Huntington-Whiteley en Versace Y Poppy Delevingne en Roberto Cavalli.

Respecto a la alfombra roja de los Oscars 2017, el color predilecto era el blanco en todas sus variedades (¿se pusieron todas de acuerdo?) aunque el negro y el dorado resaltaron también. De mis vestidos favoritos, la mayoría eran Armani Privé, pero los Dior de Maria Grazia Chiuri no se quedaron de lado. De todas formas, para mí, el after-party de Vanity Fair tuvo unas cuantas mejores elecciones y ¡menos predecibles! que las del evento en sí.

¿Encontraron en las fotos a su celeb y vestido favorito? ¡Cuéntenme si les faltó alguna!

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